Pobre Benito, un pavo a medio asar, chulo hasta que le enseñas el puño y se acojona. Nos invaden los capullos a los que les enseñas el palo y asienten con el sí señorito, no señorito, lo que usted mande, señorito. Pero, ay, si en vez de señoritos de hacienda heredada son señoritas educadas o niños indefensos o jornaleros deslomados o maricones asustados o viudas sin pensión o retrasados embelesados o gitanitos y morenos o transeúntes despistados o muñecas despiojadas o gatas preñadas o catetos renacidos o verduleras frescas o novias abandonados o chupatintas desengañados. Ay, la mula, vestida de pantera con las uñas fuera para arrancar las tiras de pellejo del infeliz… Coño, qué asco, como una vulgar cupletista en mallas. Coño, qué bueno como personaje para la gran novela del siglo XXI, la que hará palidecer al gran Quijote. Muerte al nerd y al bird y hasta a Perry Manson, que alimentó a varias generaciones de españolitos deseosos de ostentar el mando de la justicia y que terminaron por joderme la nómina, a mí, y añadirle a la Juani un plus para bragas de raso que luce sin pudor, sin mí.
- Mamá, ¿dónde tienes el matón?
- ¿Y eso que es, hijo?
- Lo de las cucarachas, ha salido una del fregadero.
- En el mueblecito de la costura, en el salón.
Costura, costura…
- Y date prisa que son menos diez.
Menos diez, menos diez…
Voy a prepararme para la cita. Un poquito de agua por aquí, el varón dandy por allá y en medio, el hombre ¿Cómo dijo que se llamaba? Ah, Carmelita, como la orden religiosa fundada por la santa. Sólo espero que esté a la altura de tan excelso nombre. ¿Llaman? Un timbre… dos…, pausa… una chica apocada. Buena señal si buscara una esposa, mala señal para lo que necesito ahora.
- ¿Carmelita?
- ¿Randolph?
- Yo mismo, pasa.
- Gracias.
Lo dicho, se ve contenida. Seguro que es por la decepción, y está en la fase precaria. Precarius, raíz de la palabra oración, sugiere la dependencia respecto del deseo de otra persona. Denota además inseguridad y riesgo. Pobre Carmelita.
- Vamos a la salita, Carmelita.
- ¿Cómo está tu madre?
- Muy bien, recuperándose, ya sabes, lo jodido de la edad, el tiempo, ese ente malicioso que devora sin contemplaciones y te conduce irremediablemente a pérfidas constelaciones de gravedad cero ¿a qué te dedicas?
- Trabajo en la consulta de un oftalmólogo. Soy enfermera titulada ¿Y tú?
- Yo escribo.
- ¿Escritor? ¿qué escribes?
- Letras… Letras. Ya sabes, una detrás de otra hasta componer palabras… Después, un espacio intermedio, tres o cuatro milímetros en blanco, y otra y otra y otra batería de palabras hasta componer frases que se enlazan siguiendo reglas…
- Disculpa, Randolph, no pretendía ofenderte. Es muy interesante, quería decir qué escribes ¿novela, ensayo, poesía?
- No te preocupes, muchacha, sólo bromeaba. Esto…, estoy escribiendo una novela y un ensayo sobre la tolerancia a los farinánceos y sus implicaciones en el desarrollo de la nueva estética del XXI.
- Una novela… y ¿de qué trata?
- Ah, no, eso no. Un escritor nos desvela nada de su obra hasta que el manuscrito no está terminado. C’est la loi, ma petite. Precisamente esta tarde iba a solucionar un problemilla que tengo con un amigo informático. El lapto se fue, marchó con la barriga llena de macedonias, pucheros, gazpachos, cocidos y hasta filetones de letras, saciado hasta las trancas, y a mí no me ha dejao na. Ni un tristecito mendrugo que llevarme a la boca. El trabajo de tantos años, tantas horas de estudio, de recopilación, de dolor, toneladas de letras presas en el laberinto de la memoria de ese ser perverso, despreciable. Qué sinrazón. Y lo peor es que necesito del clamor de las teclas para crear, música de fondo, ya sabes.
- ¿Se te ha ido el disco duro?
- ¿Duro? Pero qué dices muchacha, toca, toca (ésta no sabe de la soledad del varón).
- ¿Cómo?
- La cabeza, niña, la cabeza, todo está aquí, en la cabeza. Hablaba metafóricamente. La memoria es selectiva, y especialmente cuidadosa en almacenar los frutos de la creación. Excepto cuando falla algo. Hay ojos en todas partes, muchos pareados, bien equilibrados, y otros tuertos que se salen de la órbita para husmear el caldo ajeno y hacer su propio potage. Por eso no puedo hablar.
- (Este tío está loco, por el amor de Dios) Ya te entiendo. No sé, yo tengo un pc en casa sin utilizar, desde que me compré el portátil, que me es más cómodo…
- ¿Cómo? Ay, mi hada madrina, la madre de la creación, mecenas de los perdidos en el tránsito a la gloria… Si no fuera por las hienas que seguro están al quite declamaba para ti, una oda, o dos ¿Vamos a tu casa?
- Bueno, yo… Vale. Si quieres te lo traes hasta que te arreglen el tuyo.
- Ya veremos, ya veremos, mi reina.
Carmelita, ay mi diosa, con una faldita escocesa y calcetines roídos pasa por una de mis niñas. Treinta y ocho o treinta y nueve, tan sanita, la prueba palpable de los beneficios del puré de patata.