lunes 6 de julio de 2009

CAPÍTULO NOVENO DE RANDOLPH

Irás al infierno, madre, ni tan siquiera los santos de las estampitas que coleccionas moverán un puto dedo para recomendarte al altísimo que, por cierto, tiene que estar hasta la coronilla de beatas y beatos de pacotilla. Pondría la mano en el fuego que a la santa que tiene encima de la mesita, la de la toga y cara de cerdo, la he visto yo en algún sitio. Aunque si te he de ser sincero, me acompaña el ciego desde que la Carmelita se explayó entre mis muslos y me mostró un paisaje menos farragoso que el que me asiste desde que retorné al hogar familiar. ¡Qué mujerón! Va la tía y me dice esta mañana: Randolph, no desperdicies tu talento. Te arreglas como corresponde a un tipo de tu edad, coges un taxi y te presentas delante de tu jefe. Quiero volver, le dices y, a continuación, regresas a mi lado que te voy a preparar una lubina al horno pa cargarnos de potasio.

Dios mío, el potasio es un mineral necesario para el sistema nervioso y la actividad muscular ¿Qué próxima aberración me tendrá preparada? Yo no sé tú, mi querido Watson, pero las pruebas que esta mujer me pone de soslayo no me ofrecen ninguna pista del delito. Diría más, me confunden a tal extremo que mi cuerpo produce acetilcolina en dosis exasperantes con el consiguiente incomodo de la diarrea. Es imprevisible la diosa. Igual que mi jefe que, próximo a la jubilación, me mandó donde mi madre y le he tenido que apañar la clave de su contabilidad particular. El muy cretino lleva años haciendo la vista gorda. Mueve el culo, le he dicho, y corría más que el tío de la lista rellenando mi ingreso otra vez en el cuerpo. Y a sentarme, que el cuerpo para el que trabajo no conoce la actividad ni de lejos; y a mí me viene bien para leer y meditar. Que se revienten la cabeza los de recursos y actividades que lo mío es vigilar y, muy de tarde en tarde, señalar con el dedito desde la 56 con los flamencos, aunque ninguno lleva lunares ni baila enloquecido, que están muy quietecitos hablando del bien y del mal y el paraíso y el infierno y las luces y las sombras y el deseo y la contingencia y el pecado y el tiempo. Y el tiempo. Y yo sentado, esperando que los monstruos me revelen el secreto, añorando la paleta que me lleve a la inmortalidad.

Coño, ya sé dónde he visto a la santa con cara de cerdo.

jueves 11 de junio de 2009

CAPÍTULO OCTAVO DE RANDOLPH

Ay, Petronio, qué maldades inoculaste en la carne, qué destrozo espiritual… Nosotros, nacidos del vientre impoluto de nuestra santa madre nos vemos abocados al pecado estancado, a la virtud en entredicho, a la vena lujuriosa que pulsa como posesa en los puntos cardinales del gusto, ay, qué viaje sin retorno, qué madeja de tormento, qué pardo el paisaje sin la excrecencia de nuestros cerebros. Carmelita, mi diosa veteada, abierta en canal, como la ofrenda quebrada que el párroco depositaba suavemente en mi boca los domingos a las doce; pero toda para mí, la derecha y la izquierda, el yin y el yan, una pata y otra, y el centro pa dentro. Estoy barajando la idea de ofrecer a la humanidad mi cerebro desbocado; regalar la gracia que me fue concedida y que tan armoniosamente he glosado en estos años de desdichas y aflicciones. La juani fue mi tormento, doña engracia, mi madre, el silicio, carmelita mi diosa, la salvación. Y dios ¿dónde se halla el magnífico, a la vera de quién se sienta? Ay, la absenta, néctar milagroso que me ha sido negado tantas tardes de chinchón en casa manuel ¿Cómo enraizar el rizoma del soplo divino en el polígono de san pablo? Hubiera sido tan fácil. Le quartier de saint paul, suena tan bien…, il quartier di san paolo, saint paul’s quarter… Polígono, unidad urbanística constituida por una superficie de terreno, delimitada para fines de valoración catastral, ordenación urbana, planificación industrial, comercial, residencial, etc. ¿Dónde buscar a dios en esta porción de plano limitada por líneas rectas? ¿Y el hombre, cómo está dispuesto en esta estructura de perfección matemática, en vertical u horizontal? ¿Y los sujetos en oblicuo, pueden convivir en este excelso paisaje que tuvo a bien conformar sus biografías? Me temo que todo han sido desventajas: el clima excesivo, la boina encasquetada en la mollera, sin gracia, el hule de cuadritos…

Sankt Paul Nachbarschaft, esto es contundencia, amigos, con la solapa del gabán alzada dejando entrever la nariz majestuosa y los ojos afligidos por la cosmogonía, y los pantalones de paño oscuro, y la voz reverberando un bis morgen que se estampa en los muros consagrando a la existencia la perpetuidad que le corresponde, y nosotros con las bombachas y los dedos de los pies al aire y el vaya usté con dios, que no reverbera ni tan siquiera percute en las paredes alicatadas, tan sólo un siniestro vaho que se desvanece y menos mal, porque a un tris estamos de convertir el zaguán en ermita y sufrir la peregrinación de tantas y tantas almas en pena.

Imposible la creación con este cuadro. Todo lo más una letra elegante, caligráfica si tienes el pulso firme, y una educación de colegio de curas emperrados en la estética de las formas y la vacuidad de los fondos. O una copia malversada de los gritos munchianos con rotulador carioca y barniz titán, extrabrillo, para darle prestancia; o entreteniendo las tardes de domingo con la muerte de los padres del rey lagarto, por solidaridad, enardecidos; o trenzando junto a ocnos la soga que se desvanecería en cualquier esquina, en la próxima acera...

- Randolph ¿qué coño estás haciendo? Muéstrate ladrón y cuéntale a tu madre de dónde vienes…
- De la añoranza, del abatimiento, del reconcomio del plástico y la formica, de las hechuras femeninas calzadas en batas de poliéster, del catecismo y la represión, de apurar la juventud con el fervor de las letras ¡Ay!
- ¿Ya has bebido? ¿Y la Carmelita, es buena muchacha?
- Una santa, madre, una santa.
- Pues a ver si te enderezas de una puta vez, y vuelves al trabajo tan güeno que tenías, y no le haces nada a esa pobre muchacha… So canalla.
- A ver, a ver, madre.
- Cómo que a ver ni a ver… lo que tienes que hacer es dejarte ya de sandeces que tienes más de cuarenta años y mírate, pareces un loco.
- De ingratitud, de impotencia, de devoción a la primavera… Abril es el mes más cruel.
- Vete a tomar por culo
.

domingo 24 de mayo de 2009

CAPÍTULO SÉPTIMO DE RANDOLPH


Oooohhhhhhh... ¡por todos los clavos de cristo y el aura indeleble de la santa paloma! ¿qué me haces, ladrona? Vino y rosas celestiales parecen susurrarme cuando sonríes… Y no estoy en Berlín, pero este es un día perfecto, mi dulce Carmelita. Si pudierais verla, con las bragas rotas, dejando asomar la síntesis de su femineidad en ese muñón color carmesí. Cáliz para mi sexo arrebolado, corolario de mi decadencia...

- James, Federico, venid en mi auxilio…
- Cállate ya, Randolph.
- ¿Pero qué es éso, niña?
- ¿Qué clase de golfo eres tú que no reconoces el traje que mamita lleva puesto, eh, mamarracho? Y llámame Juliette.
- ¿Como la novia de Dartacan? Carlitos, dios mío, esto es de tu incumbencia, socórreme, voy a ser devorado en corimbo.

La tía se ha vuelto loca ¡qué precio ha de pagar el artista! Aunque me enrolla la estética de mamá alien poderosa y peregrina de esta orgía pagana ¿Y los tubos? Déjate llevar, Randolpho, que no se te vea el plumero.

- Ay, sigue mi dueña, succiona, succiona… ahgggggggg... sigue… ohhhhh... pero ¿qué haces? ¿adónde vas?
- Cierra la boca, so mamón, o te la cierro con el chorro ¿Es eso lo que quieres? (Si ya me lo decía Catalina: cuida mucho tus conquistas, estos intelectuales de tres al cuarto sólo babean con el dominio del mesonero. Dale alpiste a sorbos y te besan el culo. Fíate de mi palabra y dale puerta. Yo aún busco a mi Lancelot).
- ¿Adónde vas? Enchufa eso otra vez. Carmelita, Carmelita… Poséeme, cástrame, quiero ser madre... Segismundoooooo...
(Tanta niña, tanta hostia… Quizás se le pasaron de tuerca las endorfinas. Y pensar que estuve a punto de afeitarme la cabeza..., y ahí está, lloriqueando y llamando a esa gentuza que lo visita. Voy a probar con algún artefacto irrigatorio, si no funciona, cambio de roles).

- Me muero, mi reina ¿dónde está el infierno, dónde las falacias de curas y papas sin huevos? decidme ¿el sacrificio de la carne o la eventualidad del placer? Ohhhhhh...
- Aguanta Randolph, aguanta, sé un hombre.
- Lárgate Tomás, no vengas a joderme. Aghhhh... ¡Ya voyyyyyyy!

(Mierda, se le fue la olla. A este tío le pierde la boca. Voy a cerrársela. Me quito el traje, me echo la bata y me pongo la peluca).

- Randolph, borracho sinverguenza ¿dónde has estado? ¿no te da nada por el cuerpo dejar a tu madre sola tanto tiempo? Con lo mala que estoy... Ve aquí que te vea, gañán. Me duelen los pechos, te voy a destetar. Ya es hora.
- No, mamá, por favor, eso no, ya voy...
Dios mío, esta mujer sabe cómo hacerlo, mírame Carlos, ya salió, ya salió...

- Así, así, como un niño bueno, eso es Randolph ¿qué quieres hacer a mamá? (Funciona. Es agotador, pero funciona) Aghhhhhhhh... Randolphhhhhh...

jueves 14 de mayo de 2009

CAPÍTULO SEXTO DE RANDOLPH

El hombre sin rostro se acercó sigiloso a la valla cubierta de vegetación que separaba la calle del internado. Ella estaba allí; oculta tras el entramado de hojas violáceas y ramas compactas. Oía sus gritos, sus risas de rata amenazada. Entre las otras, ella se hacía confusa, un ser desdibujado sin una identidad manifiesta, un miembro más de la manada de batas blancas y cabezas afeitadas. Apartó cuidadosamente un matojo para buscarla con los ojos, para cerciorarse de que el cordón que los unió se mantenía intacto pese a los acontecimientos, el recuerdo vivo, la necesidad apremiante. Ella se volvió y lo miró. Después, inducida por un complejo desconocido, se llevó las manos a la cabeza y cubrió su cráneo: una gota inoportuna resbaló por su mejilla; la dejó escapar. Se giró y se incorporó al juego. El hombre sin rostro imaginó su lengua deslizándose por la piel áspera y esbozó una sonrisa.

- ¿Quién es ella, Randolph?
- No lo sé. Una mujer cualquiera.
- ¿Y qué espera de ti?
- La muerte, supongo.

Lenta y gozosamente. Y después, de la mano la conduciré a los infiernos donde nuestros cuerpos arderán hasta el día del juicio final. Para renacer más tarde en otra cáscara, con una simiente que en lugar de unir nos separe, nos aleje de la maldición parental. Tú no lo entiendes, Carlos, no todo lo malo habita en las partes oscuras del cerebro.

- Randolph, son las diez ¿con quién hablas?
- ¿Y?
- No, nada, que podría preparar algo de cena. Si te apetece.
- Muchacha, soy un hombre casado ¿qué te has creído? Debo volver a casa.
- ¿Con tu madre?
- Bueno, un vinito no estaría mal ¿tienes ternera o pollo?
- Veré.

Se está bien aquí, hay sitio de sobra para los dos. Y sin molestias. Debo concentrarme.

- ¿Y quién es ésta, Randolph?
- Bah, es Carmelita, vive aquí, pero ahora está entretenida con sus tareas ¿Dónde te habías escondido?
- En tu cabeza. Imaginó su lengua deslizándose por la piel áspera y esbozó una sonrisa ¿Qué-coño-es-eso? Ahora te dedicas al gore literario.
- Lárgate, que viene.

Ah, y con una copa de vino. Esta tía quiere marcha. No me extraña; a mis cuarenta y dos años muestro una figura apolínea, tengo pelo en abundancia y las facciones de mi rostro anguloso me confieren una apariencia de tío atormentado, maltratado por la vida, y eso a las féminas las pone cachondas.

- Gracias, mi ángel.

Uhm… ¡Qué bouquet! Tiene gusto la Carmelita. Un regusto amargo en la punta de la lengua… uhm… seguro que es de cosecha, los restos del naufragio del bodorrio. Me está entrando sueño. No puedo moverme, tengo los miembros entumecidos. Carmelita, Carmelita…

- Vaya, Randolph, veo que te estás preparando para una sesión con mamita… No te preocupes, que me preparo enseguida. Espero que te guste el olor del cuero.
- Carmelita, qué cuero, quién es mamita.

lunes 4 de mayo de 2009

CAPÍTULO QUINTO DE RANDOLPH

Pobre Benito, un pavo a medio asar, chulo hasta que le enseñas el puño y se acojona. Nos invaden los capullos a los que les enseñas el palo y asienten con el sí señorito, no señorito, lo que usted mande, señorito. Pero, ay, si en vez de señoritos de hacienda heredada son señoritas educadas o niños indefensos o jornaleros deslomados o maricones asustados o viudas sin pensión o retrasados embelesados o gitanitos y morenos o transeúntes despistados o muñecas despiojadas o gatas preñadas o catetos renacidos o verduleras frescas o novias abandonados o chupatintas desengañados. Ay, la mula, vestida de pantera con las uñas fuera para arrancar las tiras de pellejo del infeliz… Coño, qué asco, como una vulgar cupletista en mallas. Coño, qué bueno como personaje para la gran novela del siglo XXI, la que hará palidecer al gran Quijote. Muerte al nerd y al bird y hasta a Perry Manson, que alimentó a varias generaciones de españolitos deseosos de ostentar el mando de la justicia y que terminaron por joderme la nómina, a mí, y añadirle a la Juani un plus para bragas de raso que luce sin pudor, sin mí.

- Mamá, ¿dónde tienes el matón?
- ¿Y eso que es, hijo?
- Lo de las cucarachas, ha salido una del fregadero.
- En el mueblecito de la costura, en el salón.

Costura, costura…


- Y date prisa que son menos diez.

Menos diez, menos diez…

Voy a prepararme para la cita. Un poquito de agua por aquí, el varón dandy por allá y en medio, el hombre ¿Cómo dijo que se llamaba? Ah, Carmelita, como la orden religiosa fundada por la santa. Sólo espero que esté a la altura de tan excelso nombre. ¿Llaman? Un timbre… dos…, pausa… una chica apocada. Buena señal si buscara una esposa, mala señal para lo que necesito ahora.

- ¿Carmelita?
- ¿Randolph?
- Yo mismo, pasa.
- Gracias.

Lo dicho, se ve contenida. Seguro que es por la decepción, y está en la fase precaria. Precarius, raíz de la palabra oración, sugiere la dependencia respecto del deseo de otra persona. Denota además inseguridad y riesgo. Pobre Carmelita.

- Vamos a la salita, Carmelita.
- ¿Cómo está tu madre?
- Muy bien, recuperándose, ya sabes, lo jodido de la edad, el tiempo, ese ente malicioso que devora sin contemplaciones y te conduce irremediablemente a pérfidas constelaciones de gravedad cero ¿a qué te dedicas?
- Trabajo en la consulta de un oftalmólogo. Soy enfermera titulada ¿Y tú?
- Yo escribo.
- ¿Escritor? ¿qué escribes?
- Letras… Letras. Ya sabes, una detrás de otra hasta componer palabras… Después, un espacio intermedio, tres o cuatro milímetros en blanco, y otra y otra y otra batería de palabras hasta componer frases que se enlazan siguiendo reglas…
- Disculpa, Randolph, no pretendía ofenderte. Es muy interesante, quería decir qué escribes ¿novela, ensayo, poesía?
- No te preocupes, muchacha, sólo bromeaba. Esto…, estoy escribiendo una novela y un ensayo sobre la tolerancia a los farinánceos y sus implicaciones en el desarrollo de la nueva estética del XXI.
- Una novela… y ¿de qué trata?
- Ah, no, eso no. Un escritor nos desvela nada de su obra hasta que el manuscrito no está terminado. C’est la loi, ma petite. Precisamente esta tarde iba a solucionar un problemilla que tengo con un amigo informático. El lapto se fue, marchó con la barriga llena de macedonias, pucheros, gazpachos, cocidos y hasta filetones de letras, saciado hasta las trancas, y a mí no me ha dejao na. Ni un tristecito mendrugo que llevarme a la boca. El trabajo de tantos años, tantas horas de estudio, de recopilación, de dolor, toneladas de letras presas en el laberinto de la memoria de ese ser perverso, despreciable. Qué sinrazón. Y lo peor es que necesito del clamor de las teclas para crear, música de fondo, ya sabes.
- ¿Se te ha ido el disco duro?
- ¿Duro? Pero qué dices muchacha, toca, toca (ésta no sabe de la soledad del varón).
- ¿Cómo?
- La cabeza, niña, la cabeza, todo está aquí, en la cabeza. Hablaba metafóricamente. La memoria es selectiva, y especialmente cuidadosa en almacenar los frutos de la creación. Excepto cuando falla algo. Hay ojos en todas partes, muchos pareados, bien equilibrados, y otros tuertos que se salen de la órbita para husmear el caldo ajeno y hacer su propio potage. Por eso no puedo hablar.
- (Este tío está loco, por el amor de Dios) Ya te entiendo. No sé, yo tengo un pc en casa sin utilizar, desde que me compré el portátil, que me es más cómodo…
- ¿Cómo? Ay, mi hada madrina, la madre de la creación, mecenas de los perdidos en el tránsito a la gloria… Si no fuera por las hienas que seguro están al quite declamaba para ti, una oda, o dos ¿Vamos a tu casa?
- Bueno, yo… Vale. Si quieres te lo traes hasta que te arreglen el tuyo.
- Ya veremos, ya veremos, mi reina.

Carmelita, ay mi diosa, con una faldita escocesa y calcetines roídos pasa por una de mis niñas.
Treinta y ocho o treinta y nueve, tan sanita, la prueba palpable de los beneficios del puré de patata.

miércoles 15 de abril de 2009

CAPÍTULO CUARTO DE RANDOLPH

Pues sí que tenías tú razón, Manuel, la arrogancia del pueblo español no tiene precedentes; sin embargo no coincido en tus distinciones acerca de las tendencias morales de nuestra tierra ¿Que mostramos pocos sentimiento hacia lo bello? Ahí tienes al párroco Benito dando explicaciones epistolares con el propósito no sólo de sublimar el genio de un muchacho cualquiera y por ende provocar en los lectores una conmoción, un estado de éxtasis ante la contemplación de ese desafortunado amor; también se regodea en el carácter risueño y encantador del jovencito complaciente y nos lo pone en bandeja cual lechón asado, hermoso y dorado, rico y crujiente al paladar. Es lástima que los lirios no hilen.

- Hoy he visto un sublime, un solemne, un penitente del espíritu: ¡oh, cómo se rió mi alma de su fealdad!
- Federico ¿cuándo has entrado, no te oí llegar?
- Llevo poco, el suficiente para oír las sandeces del prusiano.
- Me marcho, Randolph, te dejo con piquito de oro. Federico, no líes al muchacho, que bastantes problemas tiene ya en la habitación de al lado.
- Paz, caballeros.
- Si este sublime se fatigase de su sublimidad entonces comenzaría su belleza; sólo entonces quiero yo gustarlo y encontrarlo sabroso, jajaja… ñan ñan ñan, ¡que te como Manuela!

¿Ves cómo tenías razón en todo Randolph? Tengo que escribir. Siento que me encuentro en un momento decisivo para desarrollar mis teorías. Ya no quedan mentes como éstas y yo me congracié con ellas haciéndoles favorcillos. A Manuel lo llevé varias veces de polizón en mi camarote. Quería conocer África a toda costa y confirmar la teoría de Hume de que los negros carecen de sensibilidad y talento. A Federico me lo he llevado de putas por Frisco, y pasamos una tarde encantadora visitando las cuadras del persa, mi amigo Ardashir, aquel cuyo reino es justo. Tengo que hacerme con un pc, como sea, si no le birlo a la vieja las perras me lo traigo de casa de la Juani.

- Disculpa un momento, Federico, voy a llevarle a mi madre la sopa.
- Yo me abro.

Pues que te den morcilla, jodío majara. La bandejita, el cuenco, el vasito de agua… Va todo; no es cuestión de dar paseos inútiles. El hombre hecho y derecho debe economizar al máximo sus actos. Pero… ¿qué es ese sonido infernal? Me está volviendo loco.

- Baja la tele, mamá, o sufrirás una cofosis aguda.
- Pero… ¿qué dices, Randolph? ¿Con quién estabas hablando?
- Con nadie. Recordaba en voz alta a mis viejos colegas de alta mar.
- Pero qué alta mar ni qué leches…, si lo más lejos que has salido fue a la boda de tu prima, la de Almuñécar. Y cogiste los amarillos.
- Eres incorregible (foca del ártico). Un hombre tiene su propio mundo interior, pensamientos elevados que el género femenino no puede ni tan siquiera soñar…
- Vale, vale… que esta tarde, a eso de las cinco viene a tomar café Carmelita, la sobrina de doña Lola, que está muy deprimida porque el novio la dejó en el altar, fíjate, que como tú estás ocioso y es una buena chica, que hemos pensado…
- ¿Algo más, dueña de mis días?
- Para ya de joder y déjame comer en paz.

Otra Penélope. A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa: es su superstición peculiar. Como ves, Federico, bebo de tus enseñanzas. Por cierto, y recordando al insigne navegante ¿qué será de James, ese viejo verde? Pero no, ahora no, oigo a las niñas y ha cambiado el tiempo; seguro que salen con las canillas al aire. Voyyy… mis doncellas….

Me cago en dieux, una falsa alarma, era la madre tendiendo. Voy a echarme un ratito, hasta las cinco menos cuarto, no hay que hacer esperar a las damas.

sábado 4 de abril de 2009

CAPÍTULO TERCERO DE RANDOLPH

Él vino en un barco, de nombre extranjero

¡Carajo! Otra vez. Como una pandemia se expande en mi cerebro para ordenar a la mano, con movimientos fluidos, que grabe la huella de sus recuerdos. El alemán no volvió. Nunca. Sus cabellos rubios como la cerveza seguro encontraron en otras bocas el adjetivo y los besos y el olvido. Y ella se me presenta cada noche para exigir que yo guarde su memoria. Está vieja; ella, no su memoria. Ya en otros puertos la habían nombrado, en voz baja, como se cuentan las historias de aparecidos. La primera vez que se presentó me arrancó la camisa y me arañó el pecho buscando furiosa el corazón tatuado de su gentil. No lo halló. A cambio, yo le regalé un recorrido por mi mundo impreso con sangre y tinta negra. Tocó mis hombros y se perdió por las callejuelas del viejo puerto de Marsella. Desde el faro de Santa María saltó y en vuelo rasante silueteó con sus dedos mi vientre dibujando el contorno de la Torre Della Linterna y el Boccadasse de Génova. Embriagada por los olores de las especias desplazó lentamente la palma hacia mis muslos donde el calor la retuvo, por unos instantes, pensativa. El Faro de Alejandría, con su fuego eterno para guiar a los navegantes le susurró algo al oído. Ella se incorporó con un gesto desencajado, interrumpió el viaje y se marchó. No la he vuelto a ver...
- ¡Rinnnnnnnng!... ¡Rinnnnnnnng!...
¿Eh? ¿Quién osa perturbar la paz de mi morada? Ahora no, por todos los demonios, que están a punto de salir y tengo que callar la boca a la doña.
- ¡Rinnnnnnnng!... ¡Rinnnnnnnng!...
- Randolph… Randolph… ¿Es que no oyes que están llamando?
- Voy

¿Será posible? Esto que no rompe a hervir; y ésas que no salen; y la del rubio comiéndome otra vez el coco.

- Rinnnnngg… rinnngg…
- Randolph… Randolph… ¿Es que no vas a abrir nunca? Ten cuidado, mira por la mirilla no vayan a ser los testigos.

¡Hostias, el padre Benito!

- Padre, qué sorpresa, pase, avisaré a mi madre…
- No es a tu madre a quien vengo a ver, sino a ti.
- ¿Y qué se le ofrece?
- Sabes que en el barrio la gente habla y me han llegado rumores de tu predilección por el género menudo. Como comprenderás, la lujuria ya es de por sí pecado mortal, pero si el objeto de deseo es una menor además es delito.
- Pero… ¿de qué habla? lujuria, delito, pecado… si desde que la Juani me echó lo que menos me interesan son las mujeres… Más le vale cuidar de las malas lenguas que se retuercen siempre hacia el más indefenso. O pregúntele a su sobrino, que sabe bien de qué hablo.
- ¿A qué te refieres, hijo? ¿Qué tiene que ver mi sobrino con todo esto?
- Cosas que se dicen en la calle, yo también tengo orejas.
- ¿De mi sobrino?
- Y de Usted, padre.
- Nada, hijo, nada…, bobadas, que yo sólo venía a avisarte de las lenguas de vecindonas. ¿Y cómo está doña Angustias?
- Pase usted, padre, yo estoy preparando el almuerzo.
- Nada, nada, no os molesto entonces, en otro momento Randolph, dale recuerdos a tu madre de mi parte, ya me pasaré con más tiempo, adiós, adiós…
- Vaya usted con Dios.


Y ahora cómo te quedas ¿eh? Vas a tener que largar al niño otra vez al pueblo o te mandan de misiones al Camerún, so mamón.

- Randolph ¿quién es?
- Nada, mamá, uno vendiendo máquinas de coser.
- ¿ Le has dicho que ya tenemos? La singer
- Sí mamá, se ha ido corriendo a coserse la lengua.
- ¿Qué has dicho? No te oí bien.
- Nada, nada, voy a calentar la sopa.

Qué hartura de vieja, no se calla nunca y no se le va una. Como le pille la cartilla del monte me abro y a tomar por culo, me enrolo otra vez, el tiempo suficiente para llegar lo más lejos posible de aquí, y con el salario y los ahorrillos me busco la vida un rato por esos mundos que reclaman mi presencia. Esto es. Tengo que abrirme a nuevos horizontes, lejos de las niñas y de la vieja y de los recuerdos y del padre Benito y de las madres y los dolores y las voces y la sopa de tomate.
DiARIO DEL PaDRE BENiTO
Lunes, 3 de febrero de 2009

Quizás mi naturaleza se halle más cerca de la infamia que del amor, o de la compasión. Quizás los preceptos del romanticismo me tendieron trampas que yo interpreté como sentencias inequívocas. Quizás mi mundo de sueños se desvaneció cuando lo encontré a él, paradigma en carne y huesos de una historia de heridas abiertas por cerrar. Vuelvo a mearme en la cama. No como antes, cuando era niño y no sabía de convenciones ni normas. El miedo es el que ahora abre sin pudor las puertas de mi esfínter dejando salir intermitente el líquido amarillento, caliente en su empeño de hacerse notar, receloso de mis esfuerzos por contenerlo, amargo y pestilente como la pupa que crece en mi estómago y que nada acierta a extirpar. También he vuelto a fumar. Y sueño. No un sueño cualquiera, uno de ésos en los que uno pierde las llaves y no repara en ello hasta que la sombra se abalanza mientras el hurgar en los bolsillos se convierte en la pesadilla que nunca cesa. Sueño que fumo y me orino, a la vez, o primero lo uno y después lo otro, mientras él me sonríe con su boca golosa. Y yo no puedo parar en el sueño, no puedo acercarme y auparlo hasta mi cintura para compensar su belleza con el beso divino.

Ahora me lo pongo a diario pero no sirve de nada, la carne se acostumbró a la presión. Tampoco sirve que clave las rodillas ante él y convoque el perdón con llantos y rezos. Ni que enjugue las lágrimas en el manto sagrado. Tampoco el agua bendecida me quema la piel anunciando el pecado. De nada sirve. Nada sirve de consuelo ante su carita risueña y sus frágiles miembros aún por hacer.